Restaurando la Reserva Natural Jambué
30/07/2024
Jambué, una palabra shuar que significa «río del picaflor», es el nombre de esta reserva natural donde se ha demostrado que restaurar un ecosistema degradado es posible.
«Al principio, la gente decía que estábamos locos, que esas plantas no servirían para nada. Pero el tiempo nos demostró todo lo contrario; fueron fundamentales para tener bosque.» – Ángel Andrade, Guardabosque de la Reserva Natural Jambué.

La Reserva Natural Jambué fue creada en 2010 por Naturaleza y Cultura Internacional (NCI). Ubicada en la parroquia Timbara del cantón Zamora, abarca 1,443 hectáreas y protege la microcuenca del río Nea, vital para las familias del Valle de Jambué.
Felipe Serrano, director ejecutivo de NCI, destacó que esta reserva, debido a su ubicación estratégica, actúa como un blindaje para el Parque Nacional Podocarpus, ayudando a reducir la presión de las actividades humanas en la región. Además, subrayó la importancia de proteger los bosques adyacentes al Parque Nacional Podocarpus debido a dos frentes principales de deforestación: la cuenca del río Numbala y la cuenca del río Jambué.
Durante los años 90, las actividades ganaderas, madereras y productivas han provocado la pérdida de productividad de los suelos y el deterioro de los servicios ecosistémicos en esta región. Estas prácticas no solo causaron deforestación, sino que también obligaron a los agricultores a trasladarse a áreas boscosas, perpetuando un ciclo de degradación.
Para abordar esta problemática, en octubre de 2011, Naturaleza y Cultura Internacional lanzó un proyecto piloto de restauración de bosques amazónicos en pastizales abandonados en la Reserva Natural Jambué, con el apoyo financiero de World Land Trust.

Mi vida entre el bosque: La historia de Ángel Andrade, en la restauración de la Reserva Natural Jambué
Ángel Andrade recuerda con claridad cómo comenzó su labor en la Reserva Natural Jambué. Su historia comenzó sembrando árboles en un paisaje que antes solo presentaba pasto. «Eran plantas propias del lugar y fáciles de sembrar; me acuerdo del tunash (pictocoma discolor) achotillo (Vismia sp.), cedro (Cedrela sp.) y sierrilla (Miconia sp.)», comenta. En este proceso de restauración, Ángel no solo aprendió sobre la siembra de especies nativas, sino que también descubrió que algunas requerían un cuidado especial y debían iniciarse en un vivero.

En este crucial trabajo en el vivero, Ángel no estaba solo. Cuatro mujeres, Lida, Esperanza, Olga y Rosa, formaron parte del equipo. «Juntos, nos encargábamos de supervisar varios procedimientos dentro del vivero», dice Ángel, recordando con admiración el esfuerzo colectivo. La colaboración fue fundamental, ya que la restauración de la reserva implementó un modelo mixto que combinaba la plantación de árboles nativos con la regeneración natural asistida. Este enfoque permitió no solo sembrar nuevas plantas, sino también liberar arbolitos que ya existían en el área, contribuyendo a un ecosistema más robusto.
Hasta 2013, ya se habían plantado y liberado 39,500 plantas, abarcando ochenta especies amazónicas. Estas especies incluían tanto árboles maderables como no maderables, y aquellas consideradas de aprovechamiento condicionado, cubriendo una superficie de 27 hectáreas. «Recuerdo que este trabajo lo hicimos en varias fases. Respetamos las plantas que ya estaban aquí y luego sembramos otras que son consideradas especies de sucesión intermedia, como achotillo (Vismia sp.), tunash (Piptocoma discolor) y balsa (Ochroma pyramidale), y finalmente, especies de sucesión clímax como cedro, guayacán (Handroanthus sp.) y seique (Cedrelinga cateniformis)«, explica Ángel. Esta estrategia demuestra la importancia de una recuperación progresiva y equilibrada del ecosistema.

La restauración en Jambué no solo implicó la siembra de nuevas plantas, sino también labores de mantenimiento, como coronamiento y reposición durante tres años, además de un compromiso de seguimiento a largo plazo por diez años. Estas acciones fueron cruciales para asegurar el éxito y la sostenibilidad del proyecto. Ángel comparte sus primeras impresiones sobre el trabajo: «Al inicio, era difícil creer que íbamos a sembrar plantas, ya que aquí estamos acostumbrados a rozar (talar un área de bosque para realizar cultivos o pastizales). Pero lo que más me sorprendió fue el guarumo (Cecropia obtusifolia). Aunque parecía una planta común, sus semillas son las favoritas de las aves, que encuentran en ellas una fuente de alimento.”
La dedicación de Ángel al bosque es evidente no solo en su labor como guardabosque, sino también en su pasión por la fotografía. «Antes de tener una cámara, tomaba fotos con mis ojos. Llevo tres años en esto y aunque no sé mucho, parece que mis fotos están saliendo bien. Me gustaría aprender más sobre fotografía, ya que lo que hago es desde mi propio conocimiento.»
Recientemente, observé al mono araña de vientre amarillo. Este mono, que Ángel describe, es el Ateles belzebuth, una especie en peligro de extinción según la Lista Roja de la UICN (2008).
Para Ángel, el bosque es un lugar de pertenencia. «Me siento bien en el bosque. En la ciudad me aburro. Cuando tengo que salir, solo estoy tranquilo un rato y luego ya extraño el bosque”.
Una experiencia que destaca en su trayectoria es su colaboración con la investigadora Eva Filipczyková, quien desarrolla su trabajo de doctorado sobre el comportamiento de marcaje de los osos andinos (Tremarctos ornatus) en la reserva Jambué.
Rodrigo Cisneros, biólogo investigador en proyectos clave de diseño y creación de áreas protegidas, menciona que sin un guardabosques no hay investigación. «Un investigador, por más experiencia que tenga, no conoce el bosque como un guardabosque. Tienen un bagaje de conocimiento que a menudo es invisibilizado por los científicos», explica. Cisneros resalta la importancia del guardabosque, quien, con su conocimiento del territorio, puede ahorrar tiempo y recursos, y hasta salvar vidas al evitar lugares peligrosos.
La restauración ha traído vida nueva al bosque, como menciona Ángel mientras muestra algunas de sus fotografías. «En las cámaras trampa he visto varios pumas. Con mis propios ojos, he visto dos. Les he pedido que me cuiden y me acompañen en mis recorridos por el bosque.» También disfruta fotografiando aves. «Me encantan porque son muy bonitas. Hay una en particular que tiene alas que parecen manos”.






«Vi un oso hace un año; siempre dejan los árboles rasguñados y huellas de las bromelias que comen. Cuando me encontré con el oso, nos saludamos. No me da miedo encontrarme con estos jardineros; los ando buscando.» Para Ángel, estar en el bosque es más que un trabajo; es su vida. «No me importaría morir en medio del bosque. Ser guardabosque no es difícil para mí. Camino bastante y no me canso; solo me detengo cuando tomo fotos y me quedo observando las aves.”
Antes de la restauración, había unas 300 hectáreas de pastizales. Ahora, ese espacio ha vuelto a ser bosque. «Después de la restauración, hemos visto varios animales, como osos, pumas, aves de todos los colores, y últimamente varios sajinos y cabeza de mate (Eira bárbara).» Ángel recuerda que «los animales comenzaron a regresar por el 2015, pero el puma llegó hace poco. Lo vi en una planta que nosotros sembramos, un cedro. Mire la foto.»

Ángel tiene varias fotos reservadas, que son parte de su dedicación y amor por el bosque que cuida día a día. Además, menciona que la restauración ha generado cambios significativos en la comunidad. «Hoy, muchas personas del Valle de Jambué que trabajaron en la plantación dicen que ya no tumban árboles», explica Ángel. «Se dan cuenta del gran esfuerzo que toma hacer crecer una planta y lo rápido que se puede perder todo al cortar un árbol.”
Este guardabosque, comprometido con la restauración y conservación de su entorno, se convierte en un defensor silencioso de la vida silvestre y un apasionado de la naturaleza que ha encontrado su propósito en la Reserva Natural Jambué. Ángel Andrade narra su historia a través de fotografías, donde la vida del bosque se convierte en su inspiración.
La protección de la Reserva Natural Jambué no sería posible sin el invaluable apoyo de World Land Trust, cuya colaboración ha sido fundamental para conservar esta área vital de biodiversidad. Gracias a su apoyo, héroes como Ángel pueden seguir luchando por un futuro en el que la naturaleza y las comunidades vivan en armonía.
Más información:
Aida Maldonado
Comunicación Ecuador