Angie Meléndres: de guardabosque del futuro a defensora del bosque
18/09/2025
Cuando Angie Meléndres Velasco recuerda su infancia en la comunidad campesina Segunda y Cajas, en el distrito de Carmen de la Frontera (Huancabamba, Piura), sus ojos brillan de entusiasmo. “Soy natal de Sapalache y lo que me impulsó a ser guardabosque del futuro fue ese entusiasmo por explorar en la naturaleza que tiene mi papá. Él siempre iba a lugares nuevos, a Chinguelas, y nos contaba lo que encontraba, tanto de las plantas como de los animalitos. De ahí nació mi curiosidad de también explorar y proteger la biodiversidad”, relata.
Tenía apenas 16 años cuando se unió a los Guardabosques del Futuro, una iniciativa de Naturaleza y Cultura Internacional que les permitía a los jóvenes descubrir, cuidar y vigilar sus ecosistemas. Ser Guardabosque le ayudaron afianzar su formación, en esos recorridos, Angie aprendió a observar aves, identificar especies, reconocer amenazas y, sobre todo, a mirar el bosque con respeto y sentido de pertenencia.
“Ser guardabosque me enseñó que nuestros bosques son fuente de vida y futuro; allí comprendí que cada árbol, cada ave, es parte de nosotros”, recuerda.


Hoy, a sus 25 años, Angie ha logrado apoyar y enriquecer sus conocimientos participando como voluntaria en el Santuario Nacional de los Manglares de Tumbes, donde adquirió conocimientos sobre la gestión de ecosistemas costeros; participó como becaria en el monitoreo de especies emblemáticas como el tapir de montaña (Tapirus pinchaque) y el oso andino (Tremarctos ornatus), en el marco del proyecto Women in Nature Network WiNN Perú, implementado por Nodo Conservation; también accedió a una beca para el estudio de primates en la Estación Biológica Cocha Cashu.
Estas oportunidades le dieron el entusiasmo que hoy la incentivan a recorrer durante horas el bosque y los páramos de Sapalache, un ecosistema que conoce como la palma de su mano.
“Ahora me atrevo a sumergirme sola, a caminar durante horas y poder aplicar mis conocimientos así aportar en las actividades técnicas para la conservación de la biodiversidad y lo que mi cargo me solicita”, cuenta con orgullo.
Su amor por la naturaleza viene de familia. Su padre es agricultor, su madre artesana y defensora de los saberes ancestrales. “Mi mamá es amante de las plantas y también es una conservacionista. Ella me ayudó a elegir mi carrera de ingeniería ambiental”, comenta Angie, reconociendo que la inspiración materna, de una mujer líder de su comunidad, fue tan decisiva como las aventuras de su padre.
Entre los recuerdos que más atesora está el día en que, de niña, se perdió en el bosque mientras perseguía mariposas. “No me dio miedo, sino curiosidad de explorar. En lugar de buscar a mi abuelito, me subí a un árbol grande y fue lindo porque pude contemplar todo lo que me rodeaba”, rememora. Ese espíritu de descubrimiento la acompañó años después, cuando su comunidad Segunda y Cajas celebró el reconocimiento del Área de Conservación Privada Chicuate Chinguelas, una de las más grandes de Piura, con más 27 mil hectáreas de bosque y páramo, que contó con el acompañamiento técnico de Naturaleza y Cultura Internacional y el financiamiento de World Land Trust.

Su conexión con la fauna es profunda.
“Mi especie favorita es el colibrí de neblina, por su energía, su alegría y la representatividad de libertad. Va de flor en flor, pero siempre tiene un lugar a donde volver”, dice con una sonrisa. También sueña con encontrarse algún día con el tapir andino, “que cumple una gran función en nuestro ecosistema y por eso cuido su hábitat, para conservar su hogar”.
Hoy Angie recorre los mismos senderos que la maravillaron de niña y que, como guardabosque del futuro, aprendió a valorar. Pero ahora lo hace con una convicción más firme: protegerlos para siempre.
De guardabosque del futuro a defensora del bosque
Ahora trabaja como parte del equipo de Naturaleza y Cultura Internacional, junto al Gobierno Regional de Piura, en el establecimiento de la futura Área de Conservación Regional “Páramos Andinos Huaringas”, con el apoyo financiero de Andes Amazon Fund.

Su camino ha sido un constante proceso de aprendizaje: de guardaparque voluntaria a técnica de campo en la creación de un ACP, y hoy en el proceso de un ACR. Esta zona forma parte del Corredor de Conservación Andes del Norte, que a su vez integra el Corredor de Conservación Transfronterizo Andino Amazónico entre Perú y Ecuador, un verdadero territorio de vida, agua y esperanza.
La experiencia de Angie se convierte en un ejemplo inspirador para estudiantes y mujeres líderes de su comunidad, a involucrarse en la conservación de sus ecosistemas, un legado ligado a su cultura y tradición.

La niña curiosa que se subía a los árboles se convirtió en una mujer joven líder que inspira a nuevas generaciones a amar y proteger la naturaleza.
“Crecí viendo a mi comunidad unida para proteger sus ecosistemas. Ahora soy yo quien los defiende”.
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Gabriela Gives
Comunicación Perú