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Cuando florecer también es un acto de resistencia

27/01/2026

Area Estratégica: Paisajes Naturales -
Tipo de Contenido: Blog
País: Ecuador -

Este relato fue escrito por Aida Maldonado, comunicadora de Naturaleza y Cultura Internacional en Ecuador, quien nos comparte su experiencia al presenciar el florecimiento de los guayacanes y su reflexión sobre la belleza, fragilidad y urgencia de conservar el bosque seco.

Esta es la segunda vez que presencio el florecimiento de los guayacanes y, sin duda, cada experiencia reafirma que este es un lugar mágico. Sin embargo, en esta ocasión lo que más me sorprendió fue comprender que este evento natural —que ocurre solo una vez al año— no es disfrutado únicamente por quienes lo visitamos, sino también por todas las especies que habitan y dependen de este ecosistema.

El cocodrilo americano (Crocodylus acutus), las aves que llenan el bosque con sus cantos, las ardillas, el mono aullador, el puma y muchas otras especies forman parte esencial de este acontecimiento natural. El florecimiento no es solo un espectáculo visual; es un momento clave para la vida del bosque seco, pues ofrece refugio, alimento y condiciones propicias para la regeneración de un ecosistema que ha aprendido a resistir.

Cocodrilo americano (Crocodylus acutus) (Créditos: Aida Maldonado)

Fue entonces cuando comprendí con mayor claridad que el florecimiento de los guayacanes ocurre en uno de los ecosistemas más frágiles y prioritarios para la conservación del Ecuador continental: el bosque seco. Mientras recorría el lugar, me encontraba con otros visitantes que, como yo, tenían mil preguntas sobre lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor. Caminábamos atentos, observando cómo el paisaje se transformaba en amarillo, mientras la lluvia empezaba a caer suavemente y nos arropaba en la noche, recordándonos que este fenómeno depende de un delicado equilibrio natural: las lluvias.

Cada temporada, el aumento de visitantes en estas zonas —sobre todo en la Reserva Natural Cazaderos— implica mayores presiones sobre el bosque seco. Por eso decidí recorrerlo con calma y en silencio, intentando observar sin alterar y escuchar sin interrumpir. Muchos de los impactos que generamos no siempre son evidentes, pero sí permanentes. Como turistas desinformados, a veces provocamos daños irreversibles: al salirnos de los senderos autorizados podemos destruir plántulas; el ruido excesivo altera el comportamiento de la fauna; extraer flores, semillas o ramas interrumpe procesos naturales fundamentales; e incluso alimentar a los animales silvestres afecta su salud y modifica sus hábitos. Respetar los senderos, no extraer elementos naturales y no alterar la flora ni la fauna es parte fundamental de una visita responsable.

Recorrido por el bosque seco (Créditos: Daniel Sanmartín)

La floración de los guayacanes nos transporta a un bosque amarillo y, por momentos, se siente como estar dentro de una película de Studio Ghibli. Es casi irreal. Solo en ese instante, al contemplar la belleza de las flores amarillas del guayacán, pienso que aún podemos y debemos seguir trabajando para proteger áreas como el Bosque Protector La Ceiba, la Reserva Natural Cazaderos y el Área Ecológica Municipal Los Guayacanes.

Para quienes aún no han podido disfrutar de este maravilloso evento natural, que se registra en el cantón Zapotillo, provincia de Loja, al sur del Ecuador —específicamente en las parroquias Bolaspamba, Mangahurco y Cazaderos—, los invito a recorrerlo a través de algunas fotografías que tomamos junto a Daniel Sanmartín, un biólogo apasionado que cuida y protege estas áreas. En ellas, el florecimiento refleja los resultados de los esfuerzos sostenidos que comunidades e instituciones han venido realizando durante los últimos años.

Es por todo esto que recientemente la UNESCO ratificó a esta zona —parte de la Reserva de Biosfera Bosque Seco— como uno de los sitios únicos del planeta, tanto por su riqueza natural como cultural.

Ser testigo de este florecimiento no solo es un privilegio, sino también una invitación a mirar el bosque seco con amor y respeto, y a entender que somos visitantes temporales en un territorio que sostiene mucha más vida de la que imaginamos.


Más información:

Aida Maldonado Quezada

Comunicación Ecuador

amaldonado@naturalezaycultura.org