Siguiendo el rastro del jaguar 

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Naturaleza y Cultura participa en el Tercer Censo Nacional del Jaguar en México 

En el corazón del sur de Sonora, entre la Sierra Madre Occidental y las selvas bajas caducifolias, un rugido silencioso advierte sobre la presencia de uno de los grandes felinos de América: el jaguar. 

Seguirlo y rastrear sus huellas es clave para protegerlo. Por eso, este símbolo de fuerza y equilibrio ecológico es el protagonista del Censo Nacional del Jaguar, un esfuerzo científico y comunitario realizado anteriormente en 2010 y 2018 en México, con el fin de conocer cuántos jaguares quedan, dónde habitan y cómo asegurar su futuro. 

Desde Naturaleza y Cultura Sierra Madre (NCSM) nos sumamos a este esfuerzo nacional, coordinado por la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar (ANCJ), que se considera el ejercicio de monitoreo de fauna más ambicioso del continente americano. 

El guardián del ecosistema 

El jaguar es más que un símbolo de fuerza y belleza. Es el depredador tope de los ecosistemas tropicales y subtropicales del continente, su presencia refleja la salud de los bosques donde habita y una de sus funciones es mantener el equilibrio. Para sobrevivir necesita grandes extensiones de bosque bien conservado, abundancia de presas y fuentes de agua limpias; por eso, cuando un jaguar prospera, también lo hace todo el ecosistema que lo rodea. Sin embargo, su supervivencia sigue amenazada por la pérdida de hábitat, la cacería furtiva y los conflictos humano-vida silvestre (HWC, por sus siglas en inglés). 

Contar para conservar 

El Tercer Censo Nacional del Jaguar se realizó en 15 estados del país, con la participación de instituciones académicas, organizaciones civiles y comunidades locales. Sonora destacó como uno de los territorios clave dentro de este esfuerzo nacional de monitoreo. 

Desde Naturaleza y Cultura, participamos a través de la Reserva Monte Mojino, administrada por nuestra organización y ubicada dentro del Área de Protección de Flora y Fauna Sierra de Álamos–Río Cuchujaqui (APFF-SARC), la cual alberga una de las poblaciones de jaguar más norteñas del continente americano.  

Desde hace varios años, Naturaleza y Cultura ha contribuido a la protección del jaguar y de sus presas naturales, y ahora, de la mano con organizaciones de investigación, aporta información científica que fortalece la comprensión de la especie y orienta las estrategias de conservación a largo plazo.  

Nuestra trayectoria nos permitió ser parte del Tercer Censo Nacional del Jaguar, poniendo en el mapa el trabajo que realizamos en la Reserva Monte Mojino y la Cuenca del Río Mayo. Este esfuerzo se construyó de manera colaborativa junto con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, Naturalia A.C., vecinos propietarios de ranchos ganaderos y el equipo de la Reserva Monte Mojino y nos abrió la puerta para integrarnos a la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar desde agosto de 2025. 

“Participar en el censo nacional fue una oportunidad para mostrar que la conservación del jaguar tiene mayores frutos cuando unimos esfuerzos, desde las comunidades locales y las organizaciones civiles, hasta las instituciones nacionales”, destacó Miguel Ángel Ayala, Director de Naturaleza y Cultura en Sonora. 

Entre julio de 2023 y julio de 2024, los equipos en territorio, realizaron cuatro periodos de muestreo, con la instalación de 40 estaciones de fototrampeo en distintos puntos de la Sierra de Álamos. Las cámaras captaron 40 registros de jaguares, identificando posiblemente seis individuos diferentes (tres hembras y tres machos), además de numerosos registros de pumas, ocelotes y tigrillos. 

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Individuo de jaguar captado en cámara trampa

Los resultados muestran una densidad promedio de 1.83 jaguares por cada 100 km², la más alta registrada hasta ahora para el estado de Sonora. Casi el 90 % de los registros se localizaron en selva baja caducifolia, un ecosistema clave que conecta las regiones Neártica y Neotropical, y que también alberga especies amenazadas como la guacamaya verde (Ara militaris) y la tortuga sinaloense de matorral (Gopherus evgoodei). 

Más allá del jaguar: un ecosistema vibrante 

Las cámaras trampa registraron más de 20 especies de fauna silvestre, desde grandes carnívoros hasta pequeños mamíferos y aves terrestres. Entre ellas destacan el puma (Puma concolor), el ocelote (Leopardus pardalis), el tigrillo (Leopardus wiedii), el gato montés (Lynx rufus) y la chachalaca vientre castaño (Ortalis wagleri) todas indicadoras de un ecosistema saludable donde los depredadores mantienen el equilibrio de las poblaciones. 

También se observaron especies presa, como el venado cola blanca (Odocoileus virginianus), el pecarí de collar (Pecari tajacu) y el guajolote silvestre (Melagris gallopavo), que reflejan la funcionalidad ecológica y el buen estado de conservación del hábitat.  

Su presencia revela que la Sierra de Álamos–Río Cuchujaqui sigue siendo un refugio vital para la biodiversidad del noroeste de México. 

La Reserva Monte Mojino: espacio clave para el jaguar 

Gran parte de este esfuerzo se desarrolló en la Reserva Monte Mojino, un espacio privado de conservación administrado por Naturaleza y Cultura. Este sitio constituye una pieza fundamental para la conectividad ecológica del jaguar y otras especies, al funcionar como un puente entre distintos hábitats dentro del Área de Protección de Flora y Fauna Sierra de Álamos–Río Cuchujaqui. 

Deciduous Forests - Alamos
La Reserva Monte Mojino

En Monte Mojino y en los ranchos vecinos en los que colaboramos, el monitoreo de fauna va de la mano de buenas prácticas ganaderas, restauración ecológica, vigilancia comunitaria y concientización ambiental, que promueven la convivencia entre las comunidades locales y la vida silvestre. Los resultados del censo demuestran que estas acciones están funcionando: los felinos y sus presas habitan la región y conviven con los medios de vida de los pobladores locales. 

“Nuestra trayectoria en Monte Mojino nos ha mostrado que la conservación del jaguar no se logra desde un solo lugar, sino desde la colaboración entre quienes comparten el territorio. Ser parte de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar reafirma nuestro compromiso de seguir trabajando de manera colectiva para que esta especie y sus paisajes sigan vivos”, agregó Miguel Ángel Ayala, Director de Naturaleza y Cultura en Sonora. 

Un esfuerzo nacional sin precedentes 

El Tercer Censo Nacional del Jaguar es el ejercicio de monitoreo de fauna más grande en la historia de México y Latinoamérica. En él participaron más de 49 investigadores, 23 sitios de muestreo y 920 cámaras trampa, cubriendo más de 400 mil hectáreas en 15 estados del país. 

Los resultados nacionales estiman una población total de 5326 jaguares, lo que representa un incremento del 10 % respecto a 2018. Las regiones con mayor número de individuos son la Península de Yucatán (1,699) y el Pacífico Sur (1,541), seguidas por el Noreste y Centro (813) y el Pacífico Norte (733), donde se ubica el estado de Sonora. 

A pesar del evidente crecimiento poblacional, el jaguar sigue en peligro de extinción, lo que subraya la necesidad de fortalecer los corredores biológicos, consolidar las áreas protegidas y profundizar la colaboración con las comunidades locales, tal como se ha hecho en la Reserva Monte Mojino y el APFF Sierra de Álamos y Río Cuchujaqui. 

Un futuro que camina sobre huellas firmes 

“Contar jaguares es mucho más que un ejercicio científico: es una manera de asegurar que las selvas, los ríos y las comunidades que dependen de ellos sigan prosperando”, comenta Adriana Álvarez, del equipo de Naturaleza y Cultura. 

Los hallazgos del estudio son una señal esperanzadora: las poblaciones de jaguar parecen mantenerse estables e incluso mostrar signos de recuperación, gracias al trabajo conjunto entre comunidades, instituciones y organizaciones locales. Con cada imagen captada por las cámaras y con cada comunidad que se suma al esfuerzo, el jaguar, y todo el ecosistema que lo acompaña, encuentra un aliado más en su camino hacia la supervivencia.  

“Cada registro, cada huella y cada imagen del jaguar nos recuerdan por qué vale la pena proteger estos paisajes: porque en ellos se entrelazan la vida silvestre, la cultura y la esperanza de un futuro más equilibrado”, finaliza Miguel Ángel Ayala, Director de Naturaleza y Cultura en Sonora. 


Más información:

Nora Sánchez Luzardo

Coordinadora de Comunicación para América Latina

nsanchez@naturalezaycultura.org

Con enero llegando a su fin, nos preparamos para un año crucial para la conservación. En el 2025, redoblaremos esfuerzos para proteger la biodiversidad, fortalecer alianzas y garantizar que los paisajes que sostienen la vida permanezcan protegidos en el futuro.

La ayuda internacional y los contextos políticos pueden cambiar, pero nuestra misión sigue firme. Nos impulsan quienes están en el territorio y trabajan por él: líderes locales, conservacionistas, pueblos y nacionalidades indígenas.

2024 fue un año desafiante. Comunidades de todo el mundo sintieron de cerca los efectos del cambio climático: inundaciones, sequías prolongadas, incendios incontrolables y temperaturas récord. Si alguna vez hubo una señal de que debemos actuar con urgencia, el 2024 nos la dio con absoluta claridad.

Pero los desafíos no son barreras, sino llamados a la acción. Y actuar es lo que mejor sabemos hacer.

El 2025 es un año clave para la naturaleza. Es el momento de tomar decisiones audaces, fortalecer la protección de ecosistemas vitales y trabajar de la mano con quienes mejor conocen y cuidan la tierra.

Durante más de 25 años, Naturaleza y Cultura Internacional ha trabajado para proteger paisajes interconectados que sostienen la vida, resguardan la biodiversidad y ayudan a combatir el cambio climático. Creemos que la conservación es más efectiva cuando es liderada por quienes mejor conocen el territorio: comunidades, pueblos y nacionalidades y gobiernos locales. Y este año, estamos listos para multiplicar nuestro impacto como nunca antes.

Nuestros objetivos para 2025 y más allá:

Ampliar las áreas protegidas: Seguiremos colaborando con socios locales para establecer nuevas áreas protegidas, con especial atención en regiones clave como la Amazonía y el Corredor de Conservación Transfronterizo Andino-Amazónico.

Garantizar la conservación a largo plazo: Establecer un área protegida es solo el primer paso. Implementaremos mecanismos de financiamiento y estrategias de manejo sostenibles para asegurar que estos ecosistemas permanezcan protegidos para las generaciones futuras.

Fomentar la colaboración y la acción colectiva: Los desafíos que enfrenta nuestro planeta no pueden resolverse en solitario. La conservación requiere esfuerzos coordinados entre gobiernos, comunidades locales, pueblos indígenas y organizaciones aliadas. Juntos, podemos ampliar nuestro impacto y proteger más territorio que nunca.

¡Démoslo todo por la naturaleza, juntos!

Por tercera ocasión, la Comisión Nacional de Áreas Protegidas en México organiza el Censo Nacional del Jaguar (CENJAGUAR), un esfuerzo de diversas organizaciones sociales y gubernamentales del país, entre las que está incluida Naturaleza y Cultura. El objetivo es determinar el estado de conservación de esta emblemática especie y difundir información que permita diseñar políticas públicas e iniciativas de conservación para la especie. 

Un felino emblemático bajo amenaza 

El jaguar es el único felino del género Panthera que se encuentra en el continente americano. También conocido como onza, yaguar, balam o tecuán, esta especie tiene un significado irremplazable para la cultura de los países latinoamericanos donde habita.  

Aunque se encuentra en 17 países del continente (incluidos los cinco países en los que trabajamos) sus hábitats y su población han sufrido graves reducciones. Según diversas fuentes, se estima que los jaguares han desaparecido del 46% de sus territorios originales y ya se encuentran extintos en El Salvador y Uruguay.  
 
En México, la reducción de la población del jaguar ha llevado a que se lo clasifique como En Peligro de Extinción. A principios de los 2000, habían alrededor de 20 mil ejemplares del jaguar en este país; sin embargo, durante la primera edición del CENJAGUAR, en 2010, ya solo se registraron 4 mil. Y en el segundo censo, en el 2018, este número aumentó ligeramente a 4 mil 800. 

Esta preocupante reducción de su población se debe en su mayoría a la pérdida y degradación de su hábitat. El jaguar necesita de grandes extensiones de territorio para sobrevivir; sin embargo, amenazas como la expansión de la frontera agropecuaria han reducido y degradado sus hábitats, disminuyendo las condiciones necesarias para su supervivencia.  

Vista panorámica de la Reserva Monte Mojino

Naturaleza y Cultura contribuye al Censo del Jaguar 

El tercer CENJAGUAR empezó en marzo y se extenderá hasta agosto. Nuestro equipo técnico participará de esta iniciativa instalando 13 estaciones de monitoreo en la Reserva Monte Mojino que sumará al conteo del Área de Protección de Flora y Fauna Sierra de Álamos – Río Cuchujaqui. Sus resultados, que estarán disponibles a partir de agosto, nos permitirán determinar el estado de conservación de las poblaciones del jaguar y comparar los resultados a los censos anteriores para determinar la tendencia de crecimiento de sus poblaciones.  

Desde 2013 Naturaleza y Cultura ha participado en el monitoreo de este felino aportando datos relevantes para la conservación de la especie en el noroeste de México, ahora con la participación en el CENJAGUAR estaremos aportando información de relevancia a nivel nacional. 

Estamos optimistas de los resultados. En abril de 2021, en actividades de monitoreo en los alrededores de la Reserva Monte Mojino, pudimos capturar en cámara a un jaguar hembra llamada «La Abuela», espécimen que no había sido vista en 10 años. Ese avistamiento nos llenó de entusiasmo porque evidencia que los esfuerzos de conservación tienen resultado, ya que permiten mantener y proteger los hábitats de especies indispensables para el equilibrio del ecosistema como el jaguar. 

«La abuela», registrada en 2021 en la Reserva Monte Mojino

“Ver un jaguar es muy importante, ya que es indicador de un ecosistema sano, pero ver un jaguar hembra es esperanzador, ya que significa que es posible la reproducción”

Gilberto Díaz, técnico de Naturaleza y Cultura

Conoce más sobre ese avistamiento aquí: https://www.natureandculture.org/es/directorio/the-true-meaning-of-spotting-a-jaguar-es/ 

Nuestra participación en el Censo del Jaguar es posible gracias al apoyo financiero de nuestros donantes. 


Más información:

Nora Sánchez Luzardo

Coordinadora de Comunicación Regional

nsanchez@naturalezaycultura.org

Mujeres y niños de la comunidad de Bachoco conocieron sobre la importancia del Pitayal y su biodiversidad durante una jornada de avistamiento de aves con el equipo de Naturaleza y Cultura.

Como parte de nuestro trabajo de socialización de la propuesta de creación de un Área Natural Protegida (ANP), Reserva Estatal El Pitayal, hemos planificado jornadas de vinculación con las comunidades Yoreme Mayo, en el sur de Sonora, para intercambiar conocimientos sobre la riqueza natural y cultura de este espacio natural.

Propuesta de ANP en El Pitayal

El Pitayal es el matorral espinoso costero con la más alta densidad de la pitaya dulce (Stenocereus thurberi) en el mundo. Esta especie de cactus columnar endémico de Norteamérica se distribuye en el desierto sonorense, desde el sur de Arizona, en Estados Unidos, hasta una parte de Baja California, Sonora y Sinaloa, en México. 

El Pitayal busca proteger el último remanente de pitayas en el mundo. Créditos: Sergio Muller

Desde Naturaleza y Cultura estamos promoviendo la creación de un Área Natural Protegida (ANP) de 78mil hectáreas que permitirá la conectividad entre la zona costera (los manglares) y terrestre (pitayales) y la protección de la fauna y flora que dependen de la buena condición de estos ecosistemas. El trabajo con las autoridades y las comunidades locales ha sido clave para fortalecer la propuesta e involucrar el conocimiento local en los documentos preparatorios. 

Conoce más de la propuesta de ANP en El Pitayal en el reportaje de Mongabay Latam: La construcción de una reserva para conservar el mayor remanente de pitayas en el mundo.

Una jornada de conexión con la naturaleza

A finales de enero, miembros de la comunidad de Bachoco, en su mayoría mujeres y niños, se sumaron al equipo de Naturaleza y Cultura para una jornada de vinculación, en la que realizaron avistamiento de aves en la zona costera del Pitayal.

Avistamiento de aves en el Pitayal Créditos: Gilberto Díaz

Con la ayuda de binoculares y el acompañamiento de Gilberto Díaz y Cinthia Mireles, miembros del equipo técnico de Naturaleza y Cultura en México, los participantes de la jornada pudieron visibilizar una gran diversidad de aves residentes y migratorias. Entre ellas, destacaron la Espátula rosada (Platalea ajaja) y el Zarapito pico corto (Numenius phaeopus) aves migratorias que viajan largas distancias para pasar el invierno en los humedales del Pitayal.

Otra especie importante que puede ser encontrada en el Pitayal es el Ganso de collar (Branta bernicla), es un ave que cría en territorios de temperaturas bajas como el Ártico, Canadá, Alaska y Groenlandia, y migra para pasar el invierno en la costa pacífica del Pitayal, donde disfruta del buen clima y se alimenta de los pastos marinos (Zoostera marina) característicos del Golfo de California.

El rol clave de los humedales

La propuesta para crear el Área Natural Protegida (ANP) en el Pitayal incluye la Bahía de Yavaros, donde está la Laguna Moroncárit, un humedal de gran importancia según la Convención Ramsar. Los humedales, caracterizados por su baja profundidad, funcionan como zonas de transición entre los ecosistemas terrestres y acuáticos.

El Pitayal y el mar Créditos: Sergio Muller

En estos humedales, el agua juega un papel crucial, siendo el factor principal que controla el ecosistema, su flora y fauna. Por lo tanto, el suelo debe ser capaz de retener agua, ya sea estancada o en movimiento, durante periodos significativos para evitar la desecación a lo largo del año. Durante este ciclo, el agua crea las condiciones óptimas para el crecimiento de especies vegetales, contribuyendo así a formar un hábitat adecuado para la fauna que reside en el área.

Bahía de Yavaros. Tomada de: https://obson.wordpress.com/

Entendiendo la importancia de proteger el Pitayal

Durante la jornada, nuestro equipo compartió datos sobre los hábitos de las especies y la necesidad de proteger los ecosistemas del Pitayal, como los humedales, para garantizar su supervivencia. 

Gilberto mencionó que le sorprendió el conocimiento y la conexión que los niños tienen sobre su entorno. “Creo que son actividades muy valiosas para que los niños conocen sobre la biodiversidad. Yo lo veo como una oportunidad de desconectarte de las redes sociales. A mi me gusta mucho esa parte de que los niños se miraban muy contentos”, recuerda.

Cinthia buscando las especificaciones de una especie de ave Créditos: Gilberto Díaz

Además del reconocimiento de aves, las mujeres mostraron gran interés por las plantas e iban reconociéndolas y compartiendo los usos tradicionales que tienen, por ejemplo, para hacer rosarios para rezar o para preparar tés medicinales.

“Se me hizo muy interesante, además de los conocimientos que tienen los adultos, que los niños también saben, eso significa que hay conocimientos que sí se van pasando a las siguientes generaciones, y eso es muy importante porque favorece a que la cultura siga fuerte, y que ese conocimiento ancestral siga permaneciendo en las generaciones más jóvenes”, menciona Cinthia Mireles. 

Actividades como esta fortalecen la relación de las personas con su entorno, pues les permite conocer la conexión entre un ecosistema saludable con especies protegidas y comunidades prósperas. 

Este ejercicio, que se extenderá hasta el mes de junio visitando un total de 34 localidades, brindará la oportunidad a las comunidades de compartir sus conocimientos acerca de la fauna y flora presentes en El Pitayal, así como los usos tradicionales que le han dado a lo largo del tiempo. La información recopilada será invaluable, ya que contribuirá a enriquecer el Estudio Previo Justificativo (EPJ) necesario para respaldar la creación del área, así como para el desarrollo del programa de manejo una vez que se haya establecido la figura de ANP.


Más información:

Nora Sánchez Luzardo

Coordinadora Regional de Comunicación

nsanchez@naturalezaycultura.org

El pasado mes de junio, los directores de Naturaleza y Cultura Internacional de México y Perú visitaron al equipo técnico de la organización en Ecuador, para una jornada de intercambio de experiencias, retos y estrategias de implementación de nuestro trabajo en cada uno de estos países. 

Ecuador es el país en el que más experiencia tiene Naturaleza y Cultura Internacional, no sólo porque fue en la provincia de Loja donde nació la organización hace más de 25 años, sino también porque es el país en donde mayor cantidad de proyectos y procesos ha llevado a cabo NCI desde su origen.  

Los directores de México y Perú visitaron los 5 mosaicos en los que trabaja Naturaleza y Cultura Internacional en Ecuador (Bosque Seco, Podocarpus-El Cóndor, Sangay-Podocarpus, Morona Santiago y Pastaza), nutriéndose de recorridos por proyectos emblemáticos para la institución como son la Estación Científica San Francisco, FORAGUA, el Corredor Sangay-Podocarpus, la Plataforma Amazónica, entre otros. Además, tuvieron la oportunidad de reunirse con varios miembros del equipo técnico de Ecuador, organizaciones aliadas y líderes indígenas con los que trabajamos localmente.  

La ocasión también permitió que los tres directores de país se reunieran e intercambien estrategias para la integralidad del trabajo de la organización a nivel regional. Es la primera vez que los directores se conocen en persona. Felipe Serrano, director de Ecuador lleva más de 20 años en la institución, mientras que Miguel Ayala, director de México, se incorporó hace un poco más de un año. Por su parte, Guillermo Maravi, director de Perú, es una de las últimas adiciones a la organización, sumándose a finales del 2022. 

Durante su estadía en las oficinas de Loja, hablamos acerca de sus motivaciones para trabajar en Naturaleza y Cultura Internacional a lo que todos coincidieron en reconocer que la organización ha sido una gran escuela. 

“NCI para mí ha sido una escuela trascendental en mi vida que me ha ayudado a cumplir con esos compromisos que uno hace cuando empieza su carrera. Contribuir en proteger, en mantener los ecosistemas naturales tan importantes de los sitios en donde vivimos para las futuras generaciones”, mencionó Felipe Serrano. 

Mientras que Guillermo Maravi, dijo: “Comprendo que uno nunca deja de aprender. Yo estoy aprendiendo un montón y me siento satisfecho porque de esa manera siento que estoy subiendo un peldaño más en mi aprendizaje y mi compromiso por hacer un mundo mejor” .

Y Miguel agregó: “Me apasiona que la estructura que se tiene es muy diversa, y con eso el nivel de aprendizaje que se tiene y la visión que se tiene en diferentes proyectos puede ser muy nutrida. Y también, otro punto muy importante es que, a través de los años, NCI va recogiendo experiencias que va capitalizando en este momento y lo está proyectando hacia el futuro. Es decir, la experiencia de NCI viene sumando, sumando, sumando y ahora que estamos aquí nosotros nos toca ver esa historia y ver como la proyectamos hacia los nuevos paradigmas y los nuevos retos que trae la conservación” 

Directores de NCI en las oficinas de la organización en Loja

Además de tener la oportunidad de aprender sobre la experiencia ecuatoriana, los directores de Perú y México también presentaron iniciativas que se están implementando en sus países y las oportunidades y desafíos que acompañan esos procesos. Así, Guillermo compartió sobre las áreas de conservación que se espera establecer este año en Perú y Miguel profundizó sobre las estrategias de establecimiento de la Reserva Estatal El Pitayal, un proyecto de conservación que busca proteger el bosque con mayor densidad de pitaya dulce (Stenocereus thurberi), un ecosistema de gran importancia natural y cultural.  

Aunque Ecuador y Perú tienen similitudes e incluso comparten algunos procesos (como la iniciativa del Corredor Transfronterizo o la Cuenca Mayo-Chinchipe), México se encuentra más distante en el mapa y presenta ciertas particularidades como las formas de conservación existentes y los ecosistemas en los que trabajamos en ese país. De todas formas, los directores concuerdan en que los desafíos a los que se enfrentan los países para la conservación son similares y, por ende, abordarlos conjuntamente, nos hace más fuertes como organización. 

«Yo noto que tenemos desafíos inmensos relacionados con la conservación y que esos desafíos son muy similares. Yo siento con esos pares de México y Perú que podemos ganar mucho si los podemos abordar en conjunto. El potencial de NCI es inmenso por su característica de ser una organización internacional, que podemos aprender mucho de las experiencias que tenemos en los distintos países y que es fundamental que caminemos hacia integrar más ese trabajo internacional, porque el impacto que podemos tener en conjunto es muy superior a lo que podemos hacer en nuestros entornos de cada país. Es urgente esa integración por los evidentes problemas de cambio climático. Los problemas planetarios exigen que trabajemos más y que nos integremos más en el trabajo. Yo siento ese compromiso, siento ese respaldo” dijo Felipe Serrano. 

La visita permitió fortalecer vínculos e integrar el trabajo de Naturaleza y Cultura entre países, además de identificar posibilidades de escalamiento de algunos procesos a nivel regional, tal como lo mencionaba Miguel, “el tener ya cara a cara a los otros directores y espejearte un poquito y ver eso que tenemos en común, eso que estamos en proceso de tener y aquello que no tenemos ayuda también a que como país podamos definir la ruta para abonar a los objetivos como organización. Es muy nutritivo en mi caso el platicar con todo el equipo porque justo nos llevó a experiencias que en algunos casos se pudieran implementar en México”. 

Hay mucha fortaleza en el trabajo en equipo y es algo que se reconoció y destacó de esta visita. Tal como recalcó Guillermo: «uno se da cuenta que hay un compromiso mutuo de apoyar, de ayudar, y eso también a uno le permite tener mayor oportunidad de expresar su opinión, de expresar sus propuestas e ir construyendo procesos. Todos estamos aprendiendo y eso creo que en Naturaleza y Cultura es una práctica gracias a la solidez profesional, pero también gracias al gran compromiso y actitud de las personas”. 

Conoce más sobre nuestro trabajo para la conservación de los paisajes más biodiversos de la región en NUESTRA MISIÓN E IMPACTO


Para más información:

Nora Sánchez Luzardo

Coordinadora de Comunicación

nsanchez@naturalezaycultura.org

«La abuela”, un jaguar hembra que no había sido vista hace casi 10 años, hizo una aparición esperanzadora en los lindares del Ejido de Munihuaza. 

Hace mucho tiempo que los pobladores del Ejido de Munihuaza no veían jaguares en sus tierras. El crecimiento de la ganadería y el libre pastoreo en la zona había reducido significativamente su hábitat, debido a un conflicto generado entre el animal y los ganaderos, quienes toman acciones ante el temor de que el felino cace a su ganado. 

“Es falta de conciencia comunitaria”, dice Gilberto Díaz, técnico de Naturaleza y Cultura Internacional en México, “existe desconocimiento sobre la importancia de cuidar el hábitat del jaguar, ya que su supervivencia está íntimamente relacionada a la integridad del ecosistema”, puntualiza.  

El Ejido de Munihuaza es parte de la zona de influencia del área natural protegida Sierra de Álamos-Río Cuchujaqui, al noroeste de México. Ahí, se entremezclan el matorral espinoso, los bosques de pino y encino y la vegetación riparia, creando un óptimo corredor de biodiversidad que alberga cientos de especies de flora y fauna, entre ellas el jaguar y otros felinos como el puma, el ocelote o el gato montés.  

Así, en un esfuerzo por proteger el corredor más norteño del hábitat del jaguar, Naturaleza y Cultura Internacional se sumó a «Borderlands Linkages Initiative”, un proyecto liderado por Wildlands Network que involucró a ocho organizaciones de México y Estados Unidos en actividades de monitoreo del jaguar y de evaluación de necesidades de restauración en la región de Sonora. 

Naturaleza y Cultura eligió al Ejido de Munihuaza, por ser colindante con la Reserva Monte Mojino, área privada de la organización, y porque representaba una oportunidad para colaborar con la comunidad en proyectos comunitarios con enfoque ambiental. “Para nosotros era fundamental que miembros del mismo Ejido participaran en las actividades”, cuenta Gilberto. Así fue como, él, y Anselmo Palomares, Alejo Palomares y José Bojórquez formaron el equipo de monitoreo y trabajaron juntos desde agosto de 2021 a abril de 2022 en la capacitación, instalación y mantenimiento de cámaras trampa para visibilizar al mítico jaguar. 

La familia de Alejandro se involucró en el proceso

En total, instalaron 22 cámaras trampa que cubrían el 90% del Ejido. Para la ubicación de las estaciones de monitoreo, el equipo reconocía el área, la limpiaba y ubicaba cada cámara estratégicamente para evitar en lo posible «imágenes basura», es decir, fotos activadas por el viento, hojas, etc. Díaz resalta que, aunque era la primera vez que José, Anselmo y Alejo realizaban monitoreo de vida silvestre, se apropiaron de la actividad. “Ideaban formas para asegurar el funcionamiento de las cámaras trampa, como caminar al estilo del jaguar”, dice.  

Los guardaparques imitaban el caminar del jaguar para activiar las cámaras

El trabajo de instalación fue arduo, no sólo por la topografía irregular de la región que va desde los 0 msnm hasta los 1200 msnm, sino también por la temporada de verano. “Trabajábamos de 5 de la mañana al medio día y de tres de la tarde a 6 de la tarde, evitando las horas más calientes”, menciona Díaz. También se ayudaban de mulas para poder recorrer largas distancias y alcanzar los objetivos del día. Gilberto recuerda cálidamente que, las familias de la comunidad le hicieron sentir como en casa, ofreciéndole hospedaje y alimentación cuando las jornadas no le permitían volver a casa. 

Ahora solo quedaba esperar. Los guardaparques debían monitorear periódicamente cada una de las estaciones de monitoreo, revisar el registro fotográfico de las cámaras, descargarlo, borrarlo antes de volver a instalar las cámaras. Cada uno de ellos recibió una compensación económica por esta actividad como un aporte para mejorar su situación familiar. «El apoyo se nota en la mesa” dijo uno de ellos, “este apoyo nos permite comprar gas”, complementó otro.  

Pasaban los meses y no aparecía el jaguar en imagen. Vieron, entre otras especies, a venados, pumas, ardillas y muchas vacas, pero las características manchas negras del felino no aparecían en el registro. Cada jornada de monitoreo, el equipo lo buscaba con ilusión, pero mientras se acercaba el cierre del proyecto seguía sin aparecer. No fue sino hasta el último turno que lo vieron, en una de las cámaras ubicadas en el área mejor conservada del Ejido. 

Imagen del jaguar en una de las cámaras

Con las muestras, la Reserva Jaguar del Norte confirmó que no sólo se trataba de un jaguar, sino que era la segunda hembra más longeva registrada en la región, un individuo que no había sido visto en la zona desde 2013. «Ver un jaguar es muy importante, ya que es indicador de un ecosistema sano. Pero ver un jaguar hembra es esperanzador, ya que significa que es posible la reproducción», aclara Gilberto. La gente de la comunidad recibió la noticia con emoción y acordaron colectivamente nombrarla «la abuela», como símbolo de sabiduría y esperanza para la comunidad. 

Gracias al monitoreo de la especie, la comunidad del Ejido de Munihuaza comprendió la importancia de proteger el hábitat de especies como el jaguar. Pero el esfuerzo debe ser permanente, como menciona Díaz, «Es fundamental fortalecer las estrategias de monitoreo y difundir la información para que la gente de las comunidades se apropie y cuide de lo suyo”, porque “la conservación no es sólo proteger el hábitat, sino también el entorno social», finaliza. 

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¿Cómo se relaciona la vida silvestre y los ecosistemas?

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El término «vida silvestre» se refiere a toda la vida en la naturaleza. Abarca todos los seres vivos, incluidos mamíferos, peces, reptiles y aves, conocidos colectivamente como fauna y, a veces, incluye plantas o flora. Estos son los componentes del hábitat y juegan un papel importante dentro de ellos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por otro lado, los ecosistemas son más como una red que incluye toda la vida silvestre y las partes vivas del sistema (factores bióticos), pero también las partes no vivas del medio ambiente (factores abióticos), incluidos el clima y el paisaje. Todo en esta red está interconectada y está interactuando entre sí. Los ecosistemas pueden ser muy pequeños, como una poza de marea singular, o muy grandes, como un bosque. El mundo está formado por muchos ecosistemas interconectados y, en unos pocos casos, el mundo en sí mismo se conoce como un ecosistema singular.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

¿Por qué es la vida silvestre tan importante para su ecosistema?

[/vc_column_text][vc_single_image image=»21291″ img_size=»large» add_caption=»yes»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Hasta ahora, hemos establecido que la vida silvestre vive dentro de un ecosistema, pero ¿por qué es tan importante para el ecosistema y por qué existe un impulso para proteger especies individuales cuando ecosistemas completos están amenazados?[/vc_column_text][vc_column_text]Imagina una cadena alimenticia simple. En la Imagen 1, tenemos un zorro como depredador, los conejos como presa y el pasto como fuente de alimento de los conejos, también conocido como el productor primario. Cada uno de estos niveles (más conocidos científicamente como niveles tróficos) tiene un papel que desempeñar en la cadena. El pastoreo de los conejos en la hierba evita el crecimiento excesivo de la vegetación, pero los zorros que los depredan mantienen controlada la población de conejos.[/vc_column_text][vc_column_text]Ahora, si eliminamos uno de estos niveles, terminas con una interrupción, que se extiende por el resto de la cadena alimenticia. Por ejemplo, en la Imagen 2a, se ha quitado el césped. Esto podría suceder como resultado de la sequía o, potencialmente, de la pérdida de hábitat debido al desarrollo humano. El resultado de esto es que los conejos no tienen suficiente comida y muchos pueden morir. Esto, por supuesto, pasará más adelante en la cadena y causará problemas a los zorros, ya que su fuente de alimento es baja.[/vc_column_text][vc_column_text]Otro ejemplo, en la Imagen 2b, es de arriba hacia abajo, por lo que los zorros pueden eliminarse o reducirse de la cadena. Esto se ve a menudo en la naturaleza cuando los depredadores son cazados hasta casi la extinción o una enfermedad fatal pasa a través de la especie. Para este ejemplo, los conejos tienen menos presión depredadora, por lo que su número aumenta dramáticamente. Esto puede ser bueno para los conejos a corto plazo, pero si se les deja solos, podrían sobrepastorear el área. Con el tiempo, la hierba sufriría, ya que no podría regenerarse lo suficientemente rápido. Una vez que los conejos hayan sobrepastoreado su fuente de alimento, no tendrían suficiente comida, competirían entre sí y muchos correrían el riesgo de morir de hambre.[/vc_column_text][vc_single_image image=»21293″ img_size=»large» add_caption=»yes» alignment=»center»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

La red de ecosistemas: el Parque Nacional de Yellowstone y la reintroducción de lobos grises

[/vc_column_text][vc_column_text]El ejemplo de la cadena alimentaria es increíblemente simple y no considera la gran variedad de otras partes silvestres y no vivas del ecosistema que podrían verse afectadas por la pérdida de una sola especie como el zorro. Para comprender realmente cómo funciona un ecosistema y por qué la vida silvestre es tan importante para él, debemos expandirnos aún más.[/vc_column_text][vc_column_text]Uno de los casos más notorios de cómo un ecosistema entero fue alterado por una especie singular es la reintroducción de lobos grises en el Parque Nacional de Yellowstone. En la década de 1930, los lobos de este lugar de renombre mundial fueron eliminados del parque debido a la caza excesiva, principalmente por temor a que atacaran a las personas o mataran al ganado. Una vez que los lobos desaparecieron, los alces, que habían sido una presa importante para los lobos, pudieron prosperar. Con los alces bajo mucha menos presión depredadora, su número aumentó dramáticamente y comenzaron los cambios en el ecosistema.[/vc_column_text][vc_column_text]En la Imagen 3, se puede ver una idea simple de cómo se veía el ecosistema del Parque Nacional de Yellowstone, con el alce en el centro de la red. El aumento en el número de alces provocó una serie de consecuencias indirectas para el ecosistema (también conocida como cascada trófica) porque estaban sobrepastoreando y sobreexplotando la tierra, incluidas muchas de las bayas que también alimentaban a los pájaros cantores y los osos pardos. El ramoneo del alce en los brotes de las plantas jóvenes impidió el crecimiento de los arbustos, lo que provocó que las especies de presa, como los conejos, tuvieran menos áreas para esconderse de sus propios depredadores. Si recuerdan el ejemplo de la cadena alimenticia con el zorro y el conejo, ahora deberían comprender cómo afectaría eso a todos los niveles.[/vc_column_text][vc_column_text]Los alces no tenían miedo de permanecer largos períodos en las orillas de los ríos, donde antes podrían haber sido atacados por los lobos. Sobrepastorearon la vegetación joven a lo largo de los ríos, lo que debilitó las riberas y provocó la erosión de las riberas, lo que provocó que los ríos se ensancharan. El agua también se calentó ya que la falta de árboles y vegetación en la orilla significaba que había menos áreas sombreadas para refrescar el agua. Estos cambios en el río provocaron un cambio en la biodiversidad de las poblaciones de peces. Los castores también sufrían porque los sauces en las orillas del río no podían crecer más allá de los brotes. Los sauces proporcionan alimento a los castores, además de ser el recurso que utilizan los castores para crear sus presas. Sin sauces más grandes, los castores no podían sobrevivir los inviernos, por lo que en Yellowstone la población se redujo a una sola colonia de castores.[/vc_column_text][vc_column_text]En 1995, los lobos fueron reintroducidos en el Parque Nacional de Yellowstone. Como era de esperar, los lobos comenzaron a depredar al alce, lo que mantuvo al alce en movimiento y redujo la presión que el alce ejercía sobre las riberas de los ríos y otras plantas jóvenes. De repente, las cosas empezaron a cambiar y hubo bayas para los pájaros y los osos, y arbustos para los conejos y otras especies de presas. Las orillas de los ríos eran más fuertes ya que contenían más vegetación, lo que evitó la erosión de las orillas y creó más áreas sombreadas, lo que proporcionó agua más fresca para los peces. Sin embargo, con mucho, el cambio más notable se debió al crecimiento de los sauces, lo que permitió a los castores usarlos para crear presas para sobrevivir el invierno. Los castores comenzaron a regresar a Yellowstone y las represas que construyeron elevaron el nivel freático, por lo que el agua estuvo disponible de manera más constante durante todo el año para la vegetación circundante. Desde 1995, las colonias de castores han ido en aumento y sus represas han cambiado el curso de los ríos en el Parque Nacional de Yellowstone.[/vc_column_text][vc_column_text]Todo el ecosistema se ha beneficiado de la reintroducción de lobos en Yellowstone porque los lobos son lo que se conoce como una especie clave, que es una especie importante, sin la cual, puede causar el colapso de su ecosistema. Sin los lobos, los alces no estaban controlados y la red se estaba desmoronando. Ahora que los lobos regresaron al parque, el curso de los ríos se ha visto alterado.[/vc_column_text][vc_single_image image=»21295″ img_size=»large» add_caption=»yes» alignment=»center»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

Protegiendo la biodiversidad en Naturaleza y Cultura Internacional

[/vc_column_text][vc_column_text]En Naturaleza y Cultura Internacional, que proteger la biodiversidad significa proteger sus hábitats. Actualmente estamos trabajando en múltiples proyectos de conservación para proteger especies en peligro de extinción, como el oso de anteojos (Tremarctos ornatus) en Perú y el jaguar (Panthera onca) en Bolivia. Al igual que el lobo gris en Yellowstone, estas especies son importantes para sus ecosistemas, entonces, ¿quién puede decir cuáles serían las consecuencias de su pérdida para el hábitat? 

 [/vc_column_text][vc_column_text]Toda la vida silvestre es vital para mantener equilibrada la balanza de la vida. La UICN estima que aproximadamente 40,000 especies en todo el mundo están en peligro de extinción: incluidos mamíferos, anfibios, tiburones, aves y plantas. Nuestra biodiversidad global está disminuyendo, por lo que todos debemos unirnos para evitar que nuestros ecosistemas colapsen protegiendo hasta la última especie.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

[vc_row][vc_column][vc_column_text]La semana pasada, nuestro equipo en México celebró el avistamiento de un espécimen de jaguar (Panthera onca), captado por las cámaras trampa instaladas en y cerca de nuestra Reserva Monte Mojino, que protege más de 6 mil hectáreas de bosque tropical caducifolio, hábitat del icónico jaguar, junto con muchas otras especies.[/vc_column_text][vc_single_image image=»11410″ img_size=»full»] (más…)